Han pasado ya seis días desde que en esta parte del mundo nos despertamos con la noticia de un gran sismo, seguido de un devastador tsunami; vimos imágenes de destrucción, desesperación, devastación, desaliento; fuego, humo, escombros. Gente corriendo, llorando, buscando refugio.
Hoy, a seis días de esos sucesos, aumenta el número de víctimas mortales, desaparecidos. Y ahora, en estos momentos, las imágenes que nos siguen llegando son de personas de muchas partes del mundo buscando, hurgando entre los escombros si hay sobrevivientes. Escudriñando una esperanza entre tanta desolación, entre el olor a sal, a tierra húmeda, a muerte.
Hoy vemos que las autoridades callaron lo que ya es evidente: siempre hubo fallas en los contenedores de la planta nuclear que ahora trae de cabeza al mundo; se ocultó información, se cambiaron papeles, se evadieron responsabilidades. Como se dice comúnmente “se hicieron de la vista gorda”.
La naturaleza dejó al descubierto lo que los hombres callaron durante años.
Incluso, se planeó mantener en funcionamiento durante una década más lo que ahora tiene a varios países en vilo.
Se escapa la radiación. El calor de los reactores aumenta a cada minuto que pasa. Los enfriadores no funcionan. Fukushima es ahora el centro de la atención. Los daños en reactores de la central nuclear de la zona, que se encuentra a 200 kilómetros de la capital, Tokio, se debe a problemas en su estructura. Grietas. Brechas en las paredes que, se supone, deben contener lo que ahora se ha convertido en la pesadilla del mundo.
Y lo peor es que a cada momento la situación sigue tornándose más delicada, ya que continúan las réplicas del terremoto, aunque con menor intensidad, por lo que el riesgo sigue aumentando y el número de víctimas mortales y desaparecidos va creciendo, aunque por lo delicado de la situación, se están tomando las medidas necesarias para desalojar el área y poner a salvo a la población. Se ha intentado enfriar los reactores, pero la radiación lo ha impedido. Sólo quedan unos cuantos, los menos, los expertos, los que en base a su conocimiento luchan por remediar la situación.
A consecuencia de esto hay carencia de energía eléctrica, comida, agua potable, combustible y servicios en general, por lo que en las últimas horas se ha incrementado el número de personas que buscan ponerse a salvo de cualquier otra eventualidad y compran boletos de avión para poner distancia de por medio.
Y aunque las autoridades locales declararon en días pasados que la situación está bajo control y que no hay riesgo para la salud humana, ya se comienzan a tomar medidas en caso de un desastre de proporciones mayores. De una escala del 1 al 7, el peligro que persiste en la región es de 6.
Hasta dónde podría llegar todo esto pues la situación prevaleciente podría equipararse a lo acontecido en Iroshima y Nagasaki (tomando las proporciones del caso) ya que por doquiera que se vea en las noticias se presentan escenas de destrucción, desesperanza y tristeza.
También se ha podido ver que la población, arraigada a sus costumbres ancestrales de respeto y disciplina. Hacen fila para comprar víveres y todo lo necesario para pasar por este trance; además de que no se ha sabido de saqueos y pillaje, muy común en otras latitudes. Creo yo que desde pequeños los nipones son entrenados para este tipo de situaciones, pues su país está en una zona sísmica y estos fenómenos no avisan.
Y creo que aún no conoceremos el final de esta historia, pues el peligro de una fisión nuclear se encuentra presente ya que no hay manera, hasta ahora, de poder enfriar los reactores que surtían de energía eléctrica a una buena parte del país. Esperemos más reportes en las noticias, pero que estas sean buenas, mejores de lo que son ahorita y escribir sobre la recuperación y carácter del país del Sol Naciente.
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